el experimento hogareño


Las empleadas del servicio, ó señoras del servicio doméstico o como las quieran llamar, son un “MAL” necesario.

Algunos machistas dicen -y he escuchado ésto ya en dos ocasiones- “Hay que tener esposa por días y empleada interna”.. lo cual me produce escalofrío.

Voy a basar todo éste post en una simple premisa “SI OTROS PUEDEN, YO PUEDO”

El experimento consiste en no tener empleada de aquí hasta que aguantemos, por decisión propia, por ahorrar una plata -que nos centavos, por cierto- y porque estoy MAMADA!, de éstos personajes.

Desde que me casé hace 6 años, he tenido creo que 6 de éstas señoras tan necesarias y después de un promedio de una por año, el sabor que me queda en la boca es uno: DECEPCIÓN.

Son tan necesarias para hacerle a uno la vida más fácil, que uno se convierte en un esclavo de ellas, de tenerlas, si no van un día es una drama familiar, y si hacen alguna embarrada pues peor… Se nos volvieron indispensables, no sé en qué momento, y aferrarnos a ellas vale plata para tenerlas “amarradas” y contentas, y nos hace ceder en nuestros principios, porque “qué tal que se nos vaya!”. Así que no importa si gasta mucho jabón, o se lleva la comida, o se come todos los dulces que tienes por ahí y el helado de la nevera, o peor aún si por accidente aspira tu arete de diamante, se queda callada y meses después lo luce orgullosa en su oreja frente a ti!; o tampoco importa si “lava” tu tapete rojo y lo pone mojado  sobre tu sofá blanco y retapizarlo te vale una fortuna, y eso sin mencionar la decolorada de ropa, tapetes y cortinas con el cloro, o romper las cosas y pegarlas con el pegante de contacto que tienes “escondido”, o encontrar la manguera de tu aspiradora “remendada” con la cinta aislante que no sabes de dónde salió, y en últimas después de pasarle todo ésto, HAYA MÁS!

Mi historia con estas señoras tan indispensables, se resume en la decepción, porque después de darles trabajo en cambio por un servicio que MUCHO se necesita, después de 6 años sólo siento, que siempre sale mal. Todo lo que arriba mencioné me ha pasado y mucho más… como la penúltima, cuya historia conté aquí. Y la última que es actualmente quien le ayuda a mi mamá, tiene buena “disposición” pero nunca logré que me entendiera, no se si yo hablo un idioma diferente al de ella, pero todo lo hacía al revés ó no lo hacía.. y eso sin mencionar que era como Helga, la esposa de Olafo.. según el marido: una vikinga -con bigote y todo- que todo lo que tocaba, lo dañaba y tenía que llegar por la noche a terminar de hacer todo lo que dejaba de hacer.

Así que me cansé! No más empleadas!, al menos por el tiempo que aguante!

Vivimos en un pequeño apartamento y limpiarlo realmente no es una ciencia astrofísica ni nada por el estilo… así que decidimos saltar al abismo de hacer nosotros mismos el aseo porque “si los gringos con sus grandes casas pueden, nosotros tenemos que poder!!”

Misión aspirar, arreglar baño, cocina, planchar -lo estrictamente necesario-, sacudir y lavar está en camino, y espero que con un poco de organización podamos salir a flote con nuestro experimento muy al estilo del príncipe William y su futura Kate que dijeron que no querían sirvientes, que ellos podían con los quehaceres domésticos.

Les informaré como va la cosa más adelante a ver si estamos a punto de tirar la toalla, o es una nueva fórmula de unión marital…

Experimento iniciado… porque ya cancelé a Helga…

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About Pitufina

Trato que a pesar de éste tamaño, la vida no me atropelle!, Por eso voy a la deriva en permanente estado de alerta...

3 responses to “el experimento hogareño”

  1. Silvia says :

    Se puede!! Aquí las empleadas cuestan una fortuna, cuando vivíamos en un apto nos cobraba 45 usd y en 3 horas estaba el aseo listo, eso si sin nada de la ropa y por eso en esta casa no se plancha!! Ese lujo de empleada con hijos y casa toca, pero solo 2 veces al mes, porque claro en casa vale mas, es un robo!!

  2. Alejandra Aristizabal says :

    Nooooo hacer oficio es lo peorrrrrr, si yo pudiera contrataría una señora ya, pero acá son venenosas así que nos toca todo a nosotros y es un tiempo perdido. Sueño con vivir en Colombia y poder contratar ayuda. Pero bueno, supongo que uno extraña siempre lo que no tiene, de pronto si viviera allá estaría en la misma situación que tú.
    Besos y ya casi nos vemos.

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