unos viven, otros mueren…


Amo los animales. Y la mayoria de ellos que viven indefensos, sencillamente me conmueven al punto de las lágrimas.

Hoy en la mañana a mi llegada a trabajar me encontré con la triste realidad de los miles de perros callejeros de ésta ciudad y seguramente del mundo.

Yo trabajo en el SUR – SUR de la ciudad de Bogotá -aquella con casi 8 millones de habitantes-. Y en la estación de transmilenio en la que me bajo es común al menos una vez por semana encontrar un perrito perdido y seguramente con hambre que se ha ido caminando detrás de la gente que entra a la estación a coger el bus. Los perros son así… dependientes de nosotros los -en muchas ocasiones- indiferentes humanos (cosa que no sucede con lo gatos). Y se me rompe el corazón en mil pedazos cada vez que veo uno de éstos perros allí mirando a la multitud de gente que va de afán en la mañana para llegar a su trabajo, meneando sus colitas sucias en busca de una muestra de cariño de alguien a su alrededor.. sus caritas simplemente me duelen profundamente.

Hoy no había perro en la estación, pero cuando subí la rampa del acceso peatonal en mi camino a la oficina, vi pasar un

perrito pequeño muy simpático café, algo así como un cruce de Coquer Spaniel con quién sabe qué otro perro callejero, caminando feliz detrás de un señor que llevaba un casco de esos de construcción en la mano. El perrito caminaba firmemente y a buen paso detrás del señor y mirándolo con su carita de “quiero que me quieras”. Al principio me pareció que instintivamente el perrito había decidido seguir a alguien pero más adelante ví cómo el señor se volteaba para animar el perrito a que lo siguiera… y el pequeñito ahí detrás de él con su colita parada y su lengua afuera. Cuando nos desviamos del puente, el señor seguía llevando el perrito no sé a dónde pero cada vez que volteaba a mirar le sonreía y le hablaba…. lo cual me pareció divino.

Maravilloso que alguien pueda hacer algo por al menos un perrito de la calle porque me he sentido muy mal como ser humano las muchas veces que he tenido que dejar los perros en la estación con su cara de súplica porque sencillamente no hay nada que en el momento pueda hacer por ellos.

Así que satisfecha de ver que el perrito seguramente iba a un mejor futuro (o eso quiero creer), seguí mi camino sonriente.

A lo lejos sobre la acera en la cual se encuentra mi empresa, ví un perro grandote correr desde la autopista hacia la acera, detrás de un señor que llevaba un paquete gigante a cuestas. El perrote corría a zancadas a lo ancho de la autopista sur -que es una vía rápidísima de 4 carriles más el exclusivo de transmilenio- de la estación a la acera en la cual yo me encontraba.

Alcancé a pensar: “a ese perro lo va a coger un carro”… pero me sentí aliviada cuando lo vi perderse detrás de la estación de los buses rojos y supuse que había llegado a la otra acera que está como a unos 25 metros de donde yo estaba.

Ya llegando a la portería de la empresa todo pasó en un minuto….

El perrote se lanzó de nuevo a atravezar la autopista del costado en el que yo me encontraba, con tan mala suerte que ya no estaba sola, esquivó un carro, pero todos los carriles estaban llenos y calculo que los carros y buses se movían a más de 60 Km/h. Así que el perro pasó delante de un carro, cuando vió que en su camino venía un bus, allí corrió y pasó, con tan mala suerte que venía otro bus ya faltandole sólo un carril para llegar a la acera, y en un segundo mientras yo miraba con el corazón detenido, pude ver cómo en un segundo el perro dudaba si se devolvía ó seguía.. decidió seguir corriendo pero era muy tarde… El bus lo golpeó con el bomper porque era un perro grande, lo revolcó debajo y finalmente con una de las llantas traseras le pisó su cabecita…..

Yo no sabía dónde estába… con las manos tapándome la boca y la cara, luego al revés empecé a hiperventilar como siempre me pasa en éstas situaciones.. se me fué el aire… el perro ahí tirando en la calle moviendo su cola.. muerto (espero).. y yo cuando me di cuenta estaba agarrada con las dos manos de la reja de la empresa llorando como caricatura y repitiendo “lo mató, lo mató”.. como si alguien tuviera que saberlo. No sé cómo seguí caminando y llegué a la portería y tan pronto el vigilante me ve abre los ojos como platos “qué le pasó señorita???” mientras yo seguía con una mano en la boca y la otra en el pecho, así que le señalé el perro y me entré corriendo  al baño a llorar como una quinceañera sin el suficiente aire en mis pulmones para poder tomar control de mi acciones.

Fué horrible, pero sobre todo triste. Es la tercer vez que veo atropellar un perro y las tres imágenes están como un video nítido en mi cabeza que puedo recordar con detalle. Siempre el perro dando vueltas debajo del carro y una parte de su cuero aplastada con la parte de atrás del carro.

He pensado en el perro todo el día y el video pasa en mi cabeza en cámara lenta como una película que me duele todavía. Pero pienso en el otro perrito, el que tuvo un final feliz, el que caminaba con su colita parada y -espero- encontró si no un hogar, al menos una comidita para pasar el día sin sufrir teniendo la barriguita llena.

Espero que haya un cielo para los perritos callejeros, lleno de comodidades y felicidad que compense lo dura que es la vida de éstos bonitos animales que simplemente nacieron en el lugar equivocado.

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About Pitufina

Trato que a pesar de éste tamaño, la vida no me atropelle!, Por eso voy a la deriva en permanente estado de alerta...

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