yo, perfecta


No me había olvidado de mi blog, de hecho lo pienso todos los días. Pero cuando tengo los pensamientos atribulados, he decidido abstenerme de escribir algo simplemente porque no quiero que lo que aquí quede para la posteridad sea un caldero de pensamientos enredados con sabor agridulce.

Pero aquí estoy, de noche en mi sala a oscuras, envuelta como una buena cobija para paliar el frío volviendo a teclear y creo que es porque simplemente en la noche es que funciono mejor y mi mente se aclara.

Hace días vengo pensando en mi. En esa mí del colegio: popular, “exitosa”, feliz, y llena de todas las cosas que amaba y era buena haciendo. En esa mi, de la universidad sin muchas pretenciones de popularidad pero con la absoluta certeza de una vida exitosa y trascendental.

Y qué coincidencia, ayer mi mamá me saca un folder con todas: léase TODAS, mis calificaciones desde mi primer curso del  jardín infantil, hasta el último año de colegio. “Los incunables” me dijo ella cuando los sacó. Pasé como una hora mirando cada nota, cada observación de mis profesores, y mirando mi vida de para atrás.

Era una buena estudiante, nunca fuí super sobresaliente académicamente porque había muchas mejores que yo, tal vez más inteligentes, pero yo siempre fuí juiciosa… y lo sigo siendo y eso se reflejaba en mis resultados. Mi único coco: las matemáticas, pero con todo y que me hacían sufrir, pasaba. Desde el jardín queriendo ser líder -“mandona desde chiquita”, dijo mi mamá- y si, esa soy yo ó era tal vez, creo que la vida me ha aplacado esa característica. En la primaria me iba bien. Estudié en un colegio de “enseñanza personalizada” -que es como un dinosaurio actualmente- en el que se aprendía con guías de estudio. No tengo muchos recuerdos de esas épocas porque mi memoria no almaceno esa información, pero recuerdo que fueron tiempos felices y me iba bien. Para cuando fuí a entrar a bachillerato, mi mamá en toda su sabiduría decidió que debía cambiar de colegio a uno mejor, con mejor inglés, y digamos que “mejor ranqueado” y fué así como siendo la única niña no proveniente de otro colegio de la “hermandad” y si, gracias a unas palancas importantes, me estrené en un colegio “play”. Mi mamá dice que allí no daban crédito a lo fácil que me había adaptado al cambio, y cuando terminé mi primer año allí, cerré el año con un promedio de 8.0/10.0, nada mal!.

El bachillerato cambió mi vida, me dió los amigos que duraron años, algunos, y otros hasta ahora y me enseñó una parte de mi vida que exprimí hasta el último día y que amé profundamente: bailar. Hoy en día le pregunto a mi mamá por qué no me puso en una carrera de bailarina y ella lo lamenta tanto como yo. Yo era plena en aquel momento.

Pero el bachillerato también me proporcionó la primer lección importante de mi vida.

Ahora veo que siempre fuí una persona que no admitía en su mente el fracaso, yo estaba en la cima del mundo porque ese era el lugar que me correspondía, era mí lugar, y nunca JAMÁS cruzó por mi cabeza que debía mirar para abajo para calcular la caída, en caso que cayera. Así que me llegó la lección #1.

Estaba creo que en Décimo de bachillerato cuando YO, siendo miembro del comité deportivo del colegio sugerí un concurso intercursos de porras (animadoras) para lanzar así el equipo de porristas del colegio. La idea fué un éxito inmediato y todo se puso en marcha. Hasta las más anti-porristas de mi curso participaron con entusiasmo, y con el aporte de todas montamos la coreografía. Yo sabía que el premio era nuestro: Yo era la mejor. Y ahora me da risa pensar el lo sobrada que me sentía. Llegó el día de la presentación, fuimos el penúltimo grupo en presentarse: -10B- y nos aplaudieron con ovación, obvio! yo era “la bailarina”!! Por último se presentó el otro grupo de mi mismo curso: -10A-. Ovación… Mi amiga L con su picardía y sabor había conquistado a los jurados -que eran externos-. Pero yo sabía que YO iba a ganar….

No fué así, el sabor y picardía de L, me robó el primer lugar y mi curso terminó en… no me acuerdo si segundo ó qué. Yo estaba completa y totalmente A-TUR-DI-DA!. No gane!?? Creo que lloré y todo!, y ahora haciendo memoria sé que estuve furiosa conmigo por muchos días porque no gané, no podía perdonarme. Mi mamá creo que me miraba ofuscada de verme tan afectada por semejante! bobada!, “además les fué bien!” … Tal vez fué el uniforme que hicimos, parecíamos cajeras de Mc Donald’s y lo odiabamos… Pero yo sentía que YO había fracasado rotundamente.

Así pues, seguí mi vida, me gradué, con dolor en el alma dejé atrás mis días de bailarina y porrista por la universidad y allí encontraría la segunda lección de vida, ésta MÁS, mucho MÁS dura.

En cuarto semestre en mi carrera de Diseño se hacía una “promoción de ciclo”, que era pasar de una formación básica de diseño a una de diseño y creación de proyectos como tal. Esa promoción se lograba mediante un examen de cerca de medio día de duración en el cual se formulaba un proyecto de diseño con todos sus componentes y un resultado en ese corto tiempo. El examen no lo pasé… Es tal vez el examen más difícil que he presentado en mi vida, porque no era de conocimientos, era un examen de conceptualización y de poner eso en un proyecto de diseño que nunca había hecho. Un buen profesor se apiadó de mi, porque sabía que yo era juiciosa y dedicada y durante dos fines de semana en su casa, me preparó para el repechaje del examen, el cual pasé finalmente con una nota de 5.0. Éxito total!

La real prueba llegó estrenandome en el primer semestre del ciclo de taller de diseño. Un tema difícil con enfoque social, niños, y mi crucificción: Un PÉSIMO director de proyecto. Cuando se es completamente intexperto, se requiere de una buen guía y ese señor en vez de ser mi bastón y mi fuente de propulsión, fué la fuga en el tanque que hizo que aterrizara contra el piso…     Yo tan juiciosa, dedicada, meticulosa, perfeccionista y creyendo en lo más profundo de mi mente que en mi vida no habría fracaso y sólo había espacio para el éxito arroyador y la cima del mundo, me encontré el día final de entrega, necesitando mínimo un 5.4 para pasar, y mi nota final fué 5.2.

Mi vida se acabó en ese momento.

Había perdido el semestre!!!… YO!!! Cómo era posible!!

Fué un golpe de tal magnitud para mí, que recuerdo estar arrodillada esperando la nota, escucharla, taparme la cara con las manos, ponerme a llorar desconsoladamente y lo último que me acuerdo fué a mi papá arrastrándome fuera de aquel salón completamente destruída mientras mi novio sacaba mis cosas.

Esto puede parecer ahora muy vanal. Pero yo realmente morí ese día, o por lo menos una parte grande de mí y de mi autoestima murió ese día de manera fulminante.

Estuve muchos días pasando la peor tusa de mi vida, una de la que nunca tal vez me repuse del todo. Pasaba los días en la cama, sin comer y sin querer hacer nada. Mi mamá me sacaba de la casa a la fuerza y recuerdo que me dolía la vida entera, el mundo había cambiado para mí por completo y de un día para otro, estuve rota durante mucho tiempo. Mi papás no decían nada, me apoyaron, y nunca me juzgaron ni me señalaron, yo era tan dura conmigo misma -así muy a mi estilo- que no era necesario que ellos me regañaran.

Obviamente pelié, patalié, solicité revisión de la nota, volví y me presenté con otro jurado… La nota fué definitiva, no pasé. El proyecto era bueno, pero mal ejecutado.. y yo maldije a mi profesor pero me culpé a mi por haber sido tan ingenua.

Ya para cuendo tuve que repetir, pregunté -también muy en mi estilo- cuál era el profesor más duro, el mejor, y me advirtieron que era el más cuchilla, pero que era excelente, así que repetí con ese y en mi segundo repechaje, pasé mi semestre repetido con una nota de 4.8, ahí como para que no quedaran dudas!.

Pasó la universidad con altos y bajos, buenos y malos y como en el colegio buena estudiante con buenos resultados gracias a mi empeño y dedicación, montada de nuevo en el vagón del éxito, la invencibilidad y la perfección.

Me gradué de la universidad con un excelente promedio, teniendo en cuenta que perdí un semestre, y sólo 3 meses después de haberme graduado ME LLAMARON de la empresa en la cual había hecho mi práctica profesional para que fuera a trabajar allí.

Era todo lo que yo había visualizado de mi vida… y era el trabajo que YO QUERÍA TENER, el trabajo perfecto… Yo era invencible!!!! Recuerdo siempre que pensaba en la universidad qué iba a hacer cuando me graduara, era trabajar en una empresa así, haciendo diseño de producto, y siendo una diseñadora en el equipo de diseño de productos importantes… El panorama perfecto y toda la suerte con la que un diseñador pudiese contar.

Allí, en medio de ese panorama perfecto en el que me había montado, donde nada malo me podría pasar y donde mi vida despegaría hacia el infinito y más allá que había ambicionado y visualizado con total claridad, fué que recibí mi tercer, más reciente y definitivo golpe en la vida… el que todavía me tiene con las rodillas moradas.

Y si, es vergonzoso admitirlo, pero del que después de 8 años, y todo lo que ha pasado en ellos, no me he podido levantar. Ahí está, lo admití.

Tendiendo mi trabajo soñado, siendo exitosa, reconocida en la empresa, querida, y siendo parte de lo que siempre soñé como profesional un día lo perdí. -Esta historia en detalle la contaré después-, pero lo escencial es que básicamente mi jefe -y amigo, o eso creía-, me echó sin ninguna razón real, para meter al hermanito de su mejor amigo…

Ese día volví a morir y esta vez peor. Yo pensé que la tusa de la pérdida del semestre era un dolor que nunca iba a repetir… estaba equivocada. Perder mi trabajo soñado, empezando, en el mejor momento en que empezaba a hacer carrera y a meses de casarme fué algo que no creí poder soportar.

Como ya lo dije, ésto vive en mí hoy en día, prueba de ello es que 8 años después estoy escribiendo sobre el tema. Me pesa como un mundo negro encima todavía y debo confesar que desde ese día a apenas un año y unos meses después de haberme graduado, mi carrera profesional cambió para siempre. Es algo de lo que nunca me recuperé del todo y afectó de muchas maneras mi forma de ver la vida, de verme a mi misma y distorsionó mi realidad.

La gente lucha una vida entera para construir su trabajo soñado y tener la carrera que han visualizado, yo la tuve empezando y la perdí, así que para mí el proceso se dió al revés y en muy corto tiempo lo tuve todo y lo perdí.

Esa cima del mundo en la que siempre estuve parada nunca más volvió a existir, y la imagen de esa “perfecta yo” se quedó el día que salí de allá en algún lugar del camino.

Qué me queda de todo ésto? Hay días en que veo algunas cosas, como flashes así tipo revelación como si fueran un aviso de neon para prenderselo a mi hijos, si es que algún día los tengo para hacer que mantengan la cabeza fría y los pies en la tierra mientras crecen, aprenderse a levantar de las estrelladas contra el mundo y asegurarme que lo hagan sin quedarse con cicatrices…

Pero no hay mucho más, Creo que tengo cicatrices tan hondas todavía que no veo la moraleja, y en días como hoy me encuentro con en pantano hasta el cuello y sin saber para dónde coger y a mis treinta y pico no saber qué hacer con mi vida.

A los que se quedaron a leer toda la historia siento que éstas últimas palabras no terminen con una frase motivadora, llena de esperanza  o chistosa como trato de hacerlo siempre, hoy no las tengo.

Tal vez mañana… y siento mucho que ésto si resultó como agridulce, prometo compensar el dulzor…

 

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About Pitufina

Trato que a pesar de éste tamaño, la vida no me atropelle!, Por eso voy a la deriva en permanente estado de alerta...

5 responses to “yo, perfecta”

  1. Francisco Yemail says :

    bien, que nota “exponerse” así, sin tapujos, muchos aplausos y bueno, si le sirve de algo, le dejo este post http://gartija.wordpress.com/2012/07/02/del-derecho-al-fracaso/, como para complementar el suyo.
    Abrazos

    • Pitufina says :

      Para que no te sorprenda, decidí armarme de valor y “quitarme la ropa después” de leer tu post. Tu derecho al fracaso me dió pié para construir éste.
      Gracias y un abrazo

  2. Bea says :

    It’s time, and it has been for a while now, to let go. Te dejo varias frases clichés pero que son verdad: “El fracaso consiste en no persistir, en desanimarse después de un error, en no levantarse después de caer (Thomas Edison)”. “Para triunfar en la vida, no es importante llegar el primero. Para triunfar simplemente hay que llegar, levantándose cada vez que se cae en el camino”. “Cada fracaso supone un capítulo más en la historia de nuestra vida y una lección que nos ayuda a crecer. No te dejes desanimar por los fracasos. Aprende de ellos, y sigue adelante”.
    “Nuestra gloria más grande no consiste en no haberse caido nunca, sino en haberse levantado después de cada caída” (Confucio)
    Y unos videos de inspiración:

    • Pitufina says :

      Gracias B. Ví los videos, amazing… inspiring. Mi mayor problema ha sido desprenderme de esos fracasos cuando no tengo de dónde agarrarme en el presente para recuperar mi confianza en mi misma, fueron y han sido tantas cosas durante tanto tiempo en medio de una situación tan lejos de lo que quería que terminó aplastandome. Pero supongo que reconocer con plena conciencia el lugar en el que se está, es un primer paso para salir del atolladero.
      Gracias por tu interés y tu apoyo. Besos

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  1. lecciones « Derivando en estado de alerta - agosto 10, 2012

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