sacudiéndome el 2015


Hay tantas cosas que decir de un 2015 trágico desde el sentimiento pero siendo justa, sólo difícil.
Necesito sacarme el 2015 de encima, y hasta hoy encuentro tiempo y momento de tratar de poner en palabras todo lo que tengo atragantado.
El 2015 fue el año más difícil de mi vida, y sé con total certeza, que el más difícil de mi familia. Un año en el que nos enfrentamos a una situación compuesta de un sinnúmero de pequeñas tragedias que no sólo nos dejaban todos los días atónitos de no entender por qué pasaba todo lo que pasaba, sino física, mental y espiritualmente agotados de literalmente, tanto sufrir.
Un año que empezó lento, complicado, sin trabajo y en medio de muchas angustias, probó que hay cosas mas profundas y mas “serias” por qué sufrir que la plata ó el trabajo; sufrir por temer por la vida de quien se ama tanto que se daría la vida para que recuperara su salud. Un año en el que sin imagínamelo, me encuentro en medio de términos médicos, luchando con un médico siendo la voz de mi padre en momentos difíciles, y explicando condiciones médicas que sólo yo sabía que eran relevantes para salvarle la vida.
Usted es médico?, muchas veces me lo preguntaron, -no, diseñadora-. “Pues parece médico, maneja muy bien los términos, debería haber estudiado medicina”. Y si, tal vez debí haberlo hecho, nunca me cruzó por la mente, pero seguro hubiera sido un buen médico.
Ependimoma cerebral, trastornos deglutorios severos, broncoaspiraciones, traqueostomías, gastrostomías, derivaciones ventrículo-peritoneales por hidrocefalia, infecciones, taponamiento de vías biliares, fosfatasa alcalinas por las nubes, manejo de deshidrataciones, bajar fiebres, pedir tomografías, hacer terapias de fonoaudiología, y hasta dormir en el piso de una clínica es una parte de lo que he hecho y ahora sé cómo es y cómo funciona.
En una noche de inmensa tristeza el marido me dice: “ten presente que si en algún momento alguien te hubiera dicho que tenías que saber de todo eso y manejarlo como lo manejas, hubieras salido corriendo, y lo sabes y lo manejas muy bien” Y tenía razón.
Hay momentos en los que uno no tiene más remedio que hacer las cosas y no tiene tiempo para pensar ó decidir, sólo resistir y hacer.

Pero un proceso de éste voltaje no se da sin tropiezos y sin querer lanzarse por la ventana día tras día, y sin llegar un ó varios días en los que no se puede más y se quiere mandar todo al carajo, salir corriendo, dejara a la gente tirada y olvidar quién se era y qué se está viviendo.
Tardé tres meses de caminatas diarias a la clínica en el horario de visitas de la unidad de cuidados intensivos para entender que el sufrimiento me estaba consumiendo, y que ese sufrimiento venía de mi imperioso deseo y necesidad de cambiar una situación que no podía cambiar y todavía no había aceptado que estaba sucediendo. Tres meses después en una caminata a la clínica me atropelló la comprensión que estar resistiéndome al proceso en mi necesidad innata de arreglarlo todo, de poner todo en orden y en su lugar. Me resistía con tripas y corazón y no sé como no se me estalló ni lo uno ni lo otro en esos días, de tanto hacer fuerza.
No se puede pasar por algo así sin tratar de mantener la cordura con una alta dosis diaria de reflexión y de espacio para que el entendimiento alejado del dolor llegue.

Luego entonces, dejé de resistirme a la situación, pero decidí por alguna idea loca y posesiva, que debía tener a mi papá agarrado como un perrito con un collar a mi, a mi corazón, y su sufrimiento era el mío y su dolor y su enfermedad era la mía. Hasta que en otro momento me atropelló que yo estaba apretando fuerte entre mis puños su proceso como si fuera mío, como si vivirlo yo, lo liberara a él y así lo salvara. Tenía que soltarlo y dejar que se hiciera la voluntad de Dios, tenía que dejar de hacer fuerza y de rogar desesperada a cielo que lo mantuviera en ésta tierra.
Entendí por fin, en medio de mucho dolor que su proceso no me pertenecía que si él debía irse, por más que hiciera fuerza al punto que se me reventara la cabeza, no lo iba a detener, no estaba en mi manos. Y lo solté. En ese momento entendí el concepto de “poner las cosas en las manos de Dios”. La gente te lo dice todo el tiempo, pero no es fácil hacerlo, no es fácil entenderlo, y requiere mucha fé aceptarlo.

Ahora vamos a la fe. En cuanto a la fe, porque somos humanos, yo sólo deseaba saber qué iba a pasar mañana, soñaba con ver el futuro todos los días, no saber el desenlace me dolía, me enfurecía,y me frustraba, me hacía sentir inútil. Pero también entendí que la fe es eso, es como caminar en la oscuridad sin linterna esperando desde adentro del corazón que todo va a estar bien, y si no, saber aceptar la posibilidad de pararte en un lego ó romperte un dedo con un mueble. Que difícil es tener fe cuando uno sólo quiere un resultado positivo, cuando se tiene miedo permanentemente.

Y así entonces viene el vivir con miedo. Hoy todavía se me estremecen las tripas cuando suena el teléfono a una hora no acostumbrada, porque ésta mente loca se imagina lo peor, y lo peor da miedo. Me da miedo cuando ahora le dan de comer algo en su proceso de volver a aprender a comer, se me regresa la película de las neumonías y los tubos y el horror. La verdad es que tengo miedo todo el tiempo, de todo, y paso por la mala, la estricta (como siempre me pasó), porque simplemente me da miedo de algo malo. Es como cuando un niño está aprendiendo a caminar, miedo permanente de que se caiga, pero si no se cae y no se levanta, no aprenderá nunca.
El miedo es el coco, y la verdad ese si no lo he superado, tener el estómago en la garganta y hacer un esfuerzo por respirar profundo y esperar lo mejor, es lo único que he aprendido a hacer hasta ahora y a veces fracaso miserablemente.

Pero en medio de todo éste infierno de amor y angustia por otro, está el otro infierno, el personal.
No existen palabras para describir lo que fue para mi el 2015: la magnitud de la soledad que viví y que todavía está presente. Y es una soledad de muchos niveles, una soledad física, donde la gente teme acercarse a ti a darte una palabra ó una abrazo porque no sabe qué decir, pero igual la gente se extraña, y hace falta. Y también es una soledad en la que nadie entiende la magnitud del dolor, y del sufrimiento y por más que estés rodeado de gente, en tu corazón estás completamente solo con tu dolor rompiéndote por dentro, no es posible explicar el verdadero sentimiento y ser comprendido, esa es la más difícil de las soledades. Por esto, un año así es un filtro, en el que la gente a tu alrededor pasa por un colador y muchos se quedan y pocos pasan. Un año de muchas decepciones, de una inmensa falta de compañía por parte de la gente, muchos por prudencia, muchos por miedo, muchos por tristeza también, pero es difícil ver qué pocas personas pasaron la prueba de la amistad de un tiempo tan difícil, y allí la soledad se acrecienta exponencialmente, porque incluso las personas más cercanas, son las que más lejos están en ciertos momentos. Es real que la gente está contigo en las buenas, en las celebraciones y en las fiestas, pero en las dificultades es muy poca la que es capaz de acompañar y tener éxito, creo que sólo las que han pasado por situaciones similares saben qué se necesita y así sea poco, pero dicen las cosas que deben decir.

Pero se sobrevive, día a día, uno amanece, no sabe cómo y va por ahí como en piloto automático, afortunadamente, y en el proceso se aprende y aprendí además de todo lo difícil, se aprende cosas para la vida:
Aprendí que “echar reversa” no es necesariamente dar marcha atrás. Un paso atrás puede ser parte del compás de la vida, y puede ser parte del proceso necesario.
Que hay que entregarse al tiempo, es la única forma de vivir, y el único tiempo que se tiene es el ahora mismo, el pasado ya pasó y el futuro no existe.
Que eventualmente se dejan de extrañar las cosas que uno considera “su vida”, ella muta, cambia y hay que soltarla como todo para seguir adelante. Cómo me costó aceptar y adaptarme a los cambios que se dieron en menos de un año, de lo que yo creía “ser”, “tener” y “querer”, a lo que estaba viviendo, era como un espejismo, muchas veces creí estar soñando la peor pesadilla, y dejar las cosas que amaba de esa vida que tenía, sólo aumentó la tristeza.
Sufrir y hacer fuerza no sirve de nada, sólo rompe el alma y no cambia las cosas.
Los procesos tienen un tiempo que se debe cumplir.
No se puede ir por la vida con todo planeado. Yo, la que todo lo planea, la que todo lo tiene calculado, se me patasarribió la vida y tuve que aprender a dejar llevarme por la corriente. Ahora, la verdad no planeo nada ya.
Que poner las cosas en manos de Dios, es confiar en lo mejor y tratar de tener el corazón tranquilo.
Las crisis son crisis y siempre pasan, si decides que te agoten o te exasperen, es personal y cómo nos equivocamos en cómo las manejamos.
Que se deben dejar las excusas a un lado y cuando alguien lo necesite, ir a acompañarlo. Somos tan malos amigos y tan perezosos…
No se puede vivir esperando a que todo vuelva a la “normalidad”, porque la normalidad no existe, lo único que se tiene es hoy, es éste momento, éste día, éstos amigos, ésta familia, mañana no sabemos qué nos depare la vida.

Tenemos que ser felices con lo que tenemos, con la situación actual, con la gente que está aquí y con la que estemos viviendo, lo bueno y lo malo. Porque la vida es éste momentico..
Que aunque yendo a mis recuerdos, siento que he disfrutado de mi vida y de los momentos especiales con mi familia, tal vez hubiera podido disfrutarlos más porque todos pasan y no regresan…

Y no pretendo sabérmelas todas, y ésta bonita teoría hay días que se me despeluca, hoy todavía sabiendo esto, a veces quiero salir corriendo y hago fuerza, y me resisto, y sufro, y sobre todo lloro, lloro mucho, porque cómo es de necesario llorar a veces, y halarse los pelos y pasar la noche sentado desvelado en el sofá, mirando el cielo pidiendo fuerza, piedad y diciendo ya no más, no puedo más…

No hemos salido del todo al otro lado, pero en el primer día de un nuevo año, espero que en un año pueda complementar éste post con uno nuevo cerrando el tema. Aquí seguimos, un poco más sabios, un poco más curtidos, con un poco más de cosas aprendidas y muchas ganas de que todo se componga, pero sobre todo con muchas ganas de arrancarme el dolor inmenso y la soledad que me dejó éste 2015 trágico en muchos niveles pero grande en vivencias.

About Pitufina

Trato que a pesar de éste tamaño, la vida no me atropelle!, Por eso voy a la deriva en permanente estado de alerta...

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